Las competencias emocionales son fundamentales para el bienestar y rendimiento académico de los estudiantes. Una competencia se define como la capacidad para manejar la información emocional, su desarrollo es clave desde la infancia. Se considera importante trabajar las competencias emocionales debido a que impacta de manera positiva en los niños. (Priego-Ojeda et al., 2024).
Cuando un niño posee la competencia emocional y social, puede aprender más fácilmente, y es capaz de desarrollar relaciones interpersonales y resolver sus problemas más rápidamente y de una manera pacífica, evitando los impulsos y la violencia. Utilizar actividades a través del juego tiene un impacto positivo, porque se generan experiencias directas. (Drakou, 2023).
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